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Zhang Sanfeng

Zhang Sanfeng nació sobre el año 1270 y se convirtió en un famoso filósofo taoísta que fue un gran experto en acupuntura y artes marciales. Solía errar por las montañas de China practicando las artes marciales e intentando adquirir todos los conocimientos que pudiera sobre el cuerpo y la energía.

Fundador del Tai Chi, se cree que alcanzó la inmortalidad al obtener el Tao y que durante esa inmortalidad vivió como un  ermitaño solitario en las montañas.

De pequeño tuvo problemas oculares que llevaron a sus padres a consultarle a un sacerdote taoísta. Creyendo que eran malos espíritus, el sacerdote se lo llevó con él para curarle y convertirlo en su discípulo. Tras siete años de estudio, regresó a casa con sus padres, pasó el examen de servicio civil y trabajó para el gobierno durante la Dinastía Song. Años después de morir sus padres y tras pasar el duelo tradicional, renunció a su vida para intentar llegar a la iluminación.

Estuvo con varios maestros taoístas pero terminó en el monasterio del monte Wudang, intentando conocer la conexión que existía entre el cuerpo y la mente. Así, tras largos años de infructuosa búsqueda, entendió cuáles eran los movimientos que actuaban sobre los meridianos y sobre qué órganos repercutían.

La escuela de taoísmo y Tai Chi llamada Wudang se ha convertido en una de las más importantes junto con la Shaolín. En ella se promueve la filosofía de que la “quietud domina el movimiento” a través de la calma y la armonía con la naturaleza.

Gracias a su reputación y la fama de la que tanto huyó, el emperador Chengzu, gran admirador suyo, mandó construir varios templos en los que participaron más de 300.000 trabajadores y soldados. Fue canonizado años después y el monte Wudang se convirtió en Patrimonio Mundial por las Naciones Unidas.

Aunque sus enseñanzas no se plasmaron por escrito, han llegado hasta nuestros días gracias a sus discípulos, que han ido pasándoselas verbalmente durante siglos.

Ellas nos enseñan la gran importancia de distinguir entre el bien y el mal, que la compasión, honestidad, lealtad, piedad y tolerancia llevan al ser humano hacia la inmortalidad espiritual. Y, aunque hoy, su legado se ha modificado con el paso del tiempo, siguen estando las bases a través del Tai Chi,  que aunque ya no es un método de cultivación taoísta sí que sigue sirviendo para cuidar la salud y defenderse.

Aquí os dejamos un vídeo de cómo practicar este arte milenario.

El Monte Tai

El Monte Tai es una de las cinco montañas sagradas de China. Es llamada la “primera bajo el cielo” y una de las que tiene los paisajes más bellos.

Centro importante del taoísmo y el budismo, antiguamente se le rendía culto porque se creía que si no se mantenía estable los mares que rodean China serían una seria amenaza.

Cerca nació Confucio sobre el 550 a. C., quien lo recorrió en varias ocasiones al igual que varios emperadores quienes fueron levantando santuarios, esculturas, palacios e inscripciones a su paso. Gracias a ello y a su innegable valor ecológico, fue declarado Patrimonio Mundial de la Unesco en el año 1987 junto con las más de 25.000 hectáreas que la rodean.

El pico de la montaña se llama Emperador de Jade y tiene 1.545 metros de altitud. Dicen que el sol comienza su recorrido del día a día en este monte, por lo que es muy habitual ver a devotos al amanecer ya que es su máxima aspiración en la vida.

La ascensión al pico se puede hacer de dos maneras.

La primera de ellas es la más cómoda ya que se recorre el primer tramo hasta la Puerta del Medio Camino al Cielo en autobús y después hasta la cima en teleférico, aunque se está estudiando la posibilidad de quitarlo.

La segunda manera de ascender hacia el pico y la más tradicional, es a pie. En concreto son más de 6.000 escalones de piedra que se tardan en recorrer más de 5 horas en total.

Si optamos por esta opción podremos ver a nuestro paso los templos que nos acompañarán a lo largo de todo el recorrido. Están los Templos Puzhao, Guandi, el Palacio de la Puerta Roja, el Templo Doumu, la Puerta Celeste del Medio, el Arco de la Inmortalidad, la Puerta sur del Cielo, Templo de la Princesa de las Nubes Azules y el Templo del emperador Augusto de Jade, que es el que más arriba está (1.524 metros).

Desgraciadamente, la mano del ser humano siempre tiene que dejar su huella y aprovecharse de estos lugares. Hasta hace unos años, a lo largo del recorrido empezaron a proliferar las tiendas de souvenirs, los restaurantes y hasta un cine que, según el proverbio chino “Una hoja ante los ojos impide ver la montaña Taishan”, empañaban la belleza del lugar.

Gracias a la Unesco todas estas construcciones fueron demolidas.

“Aunque la muerte llega a todos, puede tener más peso que la montaña Taishan o menos que una pluma.” (Sima Chien, escritor chino).

Monasterio colgante de Hengshan

Uno de los lugares más impresionantes de China y por el que merece la pena realizar un viaje hasta allí, es el Monasterio colgante de Hengshan.

Patrimonio Mundial de la UNESCO, está situado en la montaña Hengshan que es una de las cinco montañas sagradas del taoísmo, cuenta con 2.017 metros de altitud y por ella pasa uno de los muchos tramos de la Gran Muralla China. En él están presentes las tres religiones mayoritarias de China: confucionismo, budismo y taoísmo.

El Monasterio se construyó en sobre el año 491 d.C. y fue dedicado al dios de la montaña. A lo largo de los siglos, evidentemente, ha sido reconstruido en varias ocasiones durante las Dinastías Ming (1368-1644) y Qing. Y es que hay que pensar que está construido en madera.

Lo más impresionante, aparte de que está sólo sostenido por postes de madera, es que se encuentra desafiando las leyes de la gravedad colgando de la montaña a una altura de 75 metros. Por lo que las vistas que podemos disfrutar son magníficas, eso sí, no aptas para personas con vértigo o miedo a las alturas.

Lo que se ha conseguido al realizar la construcción del monasterio a esa altura es que el mismo haya quedado fuera de los peligros de las inundaciones aunque ha tenido que soportar la fuerza del viento y la erosión del tiempo durante siglos. Además, al tratarse de un monasterio, el silencio y el aislamiento hacen más propicios los momentos de recogimiento.

Está compuesto por 40 salas, unas en el interior de la montaña en forma de cuevas y las otras suspendidas, y es una auténtica maravilla de la arquitectura por el entramado de pilares, pasarelas y postes que lo componen y lo sostienen. Lo que es todo un desafío, ya que la sensación de seguridad según paseas por sus pasarelas es totalmente nula.

El Monasterio se encuentra a sólo una hora en coche de Datong y sus parajes son increíbles ya que muchos de sus habitantes aún siguen viviendo en cuevas.