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Sichuan

Sichuan

Sichuan es una de las provincias más conocidas de China bien sea por la fama de su pimienta o por la de sus Osos Pandas. Sea como fuere es una de las ciudades más antiguas y la cuarta más poblada con más de 85 millones de habitantes.

Situada al centro suroeste del país, tiene aproximadamente 500.000 kilómetros cuadrados de extensión y es una de las puertas de entrada hacia el Tíbet. Su nombre significa “las cuatro comarcas de ríos y gargantas” y es que sus paisajes son dignos de visitar, aunque sólo sea una vez en la vida.

Historia

Existieron asentamientos en la dinastía Shang alrededor del siglo XV a.C aunque Sichuan no se incorporó al imperio hasta que estuvo bajo el poder de la dinastía Qin. Gracias a esta última dinastía, Sichuan se benefició de los avances tecnológicos y de agricultura que esta llevó a cabo convirtiendo sus cosechas en la fuente principal, tanto de provisiones como de hombres, para que los Qin unificaran China.

Al estar situada en la cuenca del río Yangtsé y rodeada por el Himalaya, la cordillera de Qinling y las montañas de Yunnan, Sichuan se convirtió en una importante base militar y en refugio de gobernantes.

Interés turístico

Hoy en día, es famosa por su gastronomía. Lo más característico es el picante que le ofrece la pimienta de Sichuan denominada también Fagara. Y también por ser el santuario de los pandas gigantes. Un área de más de 9.000 kilómetros rodeado de reservas naturales y parques paisajísticos. Allí vive un 30 por ciento del total de pandas del mundo.

Además, tiene tres patrimonios naturales, entre ellos la montaña Emei, donde se encuentra el Buda Gigante de Leshan, cuarenta reservas naturales y once parques forestales.

LA ESCULTURA CHINA

El carácter milenario de la cultura china convierte a su arte en la manifestación de una civilización fascinante que ha sabido permanecer a lo largo de los siglos. Tanto en la pintura, como en la escultura o la arquitectura, por poner algún ejemplo, la civilización china posee obras de un gran sentido espiritual.

Ese espíritu viene dado por la síntesis que existe entre la creación artística en sí misma y la función a la que estaba predestinado.

Hoy vamos a centrarnos en la escultura china y lo que ha representado hasta nuestros días.

Es un arte anónimo cuya función primigenia fue funeraria. Se inició como representación decorativa en las tumbas reales. Y los materiales más utilizados para su representación fueron jade, bronce, hueso y piedra. Figuras, plantas, paisajes, animales o motivos decorativos son las representaciones escultóricas más representativas.

Dos períodos son los que dividen la escultura china: una primera en la que la originalidad está libre de cualquier influencia artística y otra en la que vemos claramente la mano del arte hindú, más rico en temática fantástica.

La espectacularidad de sus obras, de dimensiones exageradas en algunas ocasiones, a día de hoy aún impactan al pequeño observador. Ejemplo de ello son las numerosas esculturas de Buda o las conocidas esculturas de los soldados de terracota de la Dinastía Qin.

Los escultores chinos le prestan una atención muy cuidadosa a las obras que realizan. El contorno de sus cinceladas es tan refinado que casi roza la perfección.

Lo que sí que es seguro es que el arte chino no deja de sorprendernos un día tras otro. Y eso es lo que queremos hacer con este blog, intentar descubriros cada día con algo diferente. También podéis adquirir una de nuestras antigüedades chinas en alguna de nuestras subastas.

LOS REINOS COMBATIENTES

Una de las épocas más importantes en la historia de China es la que se denomina de los Reinos Combatientes.

Fue una época que duró unos 250 años en el siglo V a.C. y se produjo cuando la región se dividió en 8 estados que eran beligerantes entre ellos. Y, aunque pueda parecer contradictorio, este momento de la historia propició el surgimiento de nuevas corrientes religiosas y filosóficas como el confucianismo, el taoísmo, el mohismo o el legalismo, aunque, en muchas ocasiones, las directrices las establecía el gobernante del momento. De hecho, el emperador Qin hizo quemar todos los escritos que no tuvieran que ver con la corriente del legalismo que él quería imponer.

Igualmente hubo un auge en la proliferación de nuevas tecnologías implantadas para la guerra, tales como nuevas armas, carros de guerra y herramientas de diversa índole propiciadas por el fin del uso del bronce y el comienzo del hierro.

Gracias a la división de los territorios, el comercio tuvo un gran auge. La necesidad de comerciar con otros reinos diferentes de los que se estaba en guerra, hizo que los gobernantes miraran más allá de sus fronteras para impulsar su economía, mayoritariamente mermada por las batallas.

Se realizaron muchos proyectos constructivos pero el que tuvo mayor relevancia para la historia fue el comienzo de la construcción de la Gran Muralla China.

El famoso libro de “El Arte de la Guerra” de Sun Tzu se escribió en este período. Y es que durante aquella época se mejoraron las estrategias militares y los guerreros eran entrenados sin descanso para mejorar sus tácticas.

En el año 221 a.C, el emperador Qin ponía fin a esta etapa de los Reinos Combatientes cuando terminó de unificar China en un solo territorio. Comenzó así la dinastía y el período Qin.