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Los Eunucos en China

Uno de los personajes más interesantes, conocidos y con más poder en China fueron los eunucos, esa figura masculina que consiguió más poder, a lo largo de la historia, que los propios emperadores.

Empleados en la Corte Imperial, al principio, los eunucos eran delincuentes o criminales cuya pena era la castración. Pero debido a la expansión del Estado chino, surgió la necesidad de que hubiera más eunucos que cubrieran los puestos burocráticos y es entonces cuando estos adquieren la importancia y el poder de los que son tan famosos.

Muchos de los eunucos que se presentaban a cubrir puestos en la Corte se habían automutilado o eran hijos de familias necesitadas a los que les habían castrado para que tuvieran un futuro mejor.

Era una de las penas más crueles y duras a las que se podía someter a un hombre y el hecho de que se hiciera voluntariamente nos puede ayudar a hacer una idea de cuán importante era para estos ganarse la confianza del emperador y entrar así a su servicio.

Una vez dentro del círculo del emperador, el eunuco tenía una gran influencia sobre las decisiones que tomaba llegando, en alguna ocasión, a cambiar el rumbo de las dinastías.

Pero no sólo se les castraba físicamente. Las consecuencias psicológicas también eran muy importantes ya que les hacía tener un gran complejo de inferioridad, ser más sensibles, temibles y hasta crueles. Curiosamente, eran unos pervertidos sexuales a pesar de la ablación y hay muchas historias que lo atestiguan.

La castración en sí no tenía mucha complejidad pero era muy peligrosa por las numerosas infecciones y las técnicas rudimentarias que se utilizaban para llevarla a cabo.

Normalmente se le daba al paciente alguna bebida que le hiciera estar medio consciente de su situación, se le ataba de manos y pies y se le cubrían los ojos para que no pudiera ver qué se le iba a realizar. Después el cirujano realizaba un corte rápido y preciso de los genitales dejando sólo el conducto urinario para permitir al futuro eunuco orinar. Se desinfectaba la zona y se esperaba a que pasadas unas 48 ó 72 horas el nuevo eunuco pudiera orinar, lo cual significaba que la operación había sido un éxito.

El miembro seccionado era guardado con numerosos ceremoniales para ser ofrecido a los antepasados y ser enterado con él para recuperar su integridad y poder ir al cielo.

Eran muy fáciles de reconocer entre la multitud ya que su voz estaba llena de falsetes, caminaban encorvados y con pasitos cortos y su olor era muy característico ya que olían a orina debido a su incontinencia urinaria. Esto último les traía más de un problema continuo ya que el emperador los solía castigar con varios azotes por su falta de decoro.

El último eunuco del que se ha tenido constancia falleció en el año 1996 en la ciudad de Beijing. Su caso además fue de lo más lastimero ya que su padre lo castró para conseguirle un futuro mejor en la corte imperial de Puyi. Poco tiempo después llegó la República y al no encontrar su lugar se trasladó a un templo budista hasta su muerte.