Confucio

Biografía

Confucio, el maestro de las normas morales, nació en el año 552 a. C en Lu dentro del clan de los Kong. Venía de una familia de nobles terratenientes que quedaron en la pobreza cuando el cabeza de familia falleció. Confucio tenía 3 años y para sobrevivir, su madre se hizo concubina de un oficial de 66 años. A pesar de las penurias, recibió una esmerada y completa educación.

Esto le permitió trabajar para el gobierno desde bien joven. Empezó en el nivel básico ocupándose del ganado y los graneros del Estado y fue subiendo escalafones hasta que, a la edad de 51 años, alcanzó el puesto de Ministro de Justicia.

De esa época data una historia popular en la que Confucio ajustició y ejecutó al noble Chao Chong Mao porque este era una persona indeseable con el don de la palabra, lo que lo hacía muy peligroso. Dejó expuesto su cadáver en la calle durante 3 días para dar ejemplo.

Aburrido de las barbaridades e incoherencias que veía a diario, decidió dejar su cargo en el Estado para viajar y compartir sus enseñanzas con todos aquellos que lo quisieran escuchar, fueran ricos o pobres. Ante lo infructuoso de sus viajes, en lo que buscaba un gobernante que le permitiera ser tal y como era y emprender las reformas que consideraba necesarias, volvió a Lu, donde se instaló definitivamente.

En Lu, Confucio, creó varias escuelas privadas aptas para cualquier tipo de persona en los que enseñaba su filosofía basada en la antigüedad y los clásicos.

Enseñanzas

Considerado el primer educador de la historia de China, en sus escuelas se enseñaba la filosofía que marcará un antes y un después, lo que se ha denominado el confucianismo.

Sus enseñanzas básicas se basaban en cuatro principios fundamentales que englobaban el conocimiento y el aprendizaje, la lealtad y el perdón, las palabras y el comportamiento y la justicia para todos por igual.

Su doctrina se podría resumir en: amar al pueblo y procurarle lo necesario para su vida; servir al soberano con respeto y devoción; cultivar la virtud personal; tener como objetivo en la vida obtener la armonía y paz universal y siempre tener en cuenta que el hombre tiene dos inclinaciones, las que proceden de la carne y las que pertenecen a la razón.

La benevolencia, el respeto, la reciprocidad y la lealtad son parte del ren, su enseñanza primordial, imprescindible en todas las relaciones humanas.

Por resumirlo un poco, las enseñanzas que adoctrinaba Confucio se basaban en la buena conducta de las personas y los gobernantes, el cuidado de la tradición, la tolerancia hacia los demás, el amor al prójimo y el respeto a los antepasados. Todo ello dentro de una sociedad próspera en la que las relaciones sean de total armonía entre sus componentes.

Por supuesto, sus ideas no calaron entre los gobernantes de su época pero sí que se extendió por el pueblo llano llegando, con el tiempo, a convertirse en la filosofía oficial del Estado durante la dinastía Han. Sus enseñanzas llegaron a convertirse en uno de los pilares formativos de cualquier persona que se quisiera llamar culto, abriéndole con ellos las puertas a cualquier ocupación en el Estado.

Confucio murió en el año 479 a. C en Lu pero fue enterrado en Qufu donde podemos visitar el templo el cementerio y la residencia familiar. De hecho, el conjunto fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad en el año 1994.

Ji Gong

Ji Gong o el monje harapiento es uno de esos personajes a los que se describe con cariño.

Nació en el año 1130 durante la Dinastía Song en una familia acomodada que le hubiera permitido vivir cómodamente pero cuando era joven ingresó en un monasterio budista cambiando su nombre por el de Dao Ji.

Su mayor trabajo en el monasterio cuando era joven era el de cocinero. Preparaba toda la comida de los otros monjes sin descanso y, según se decía, tenía un carácter muy especial, sincero, excéntrico, firme seguidor budista y esta actitud molestaba al resto de los monjes, que además tenían que aguantar que violara la prohibición de comer carne y tomara vino. Por ello, lo apodaron Ji, el monje loco.

Era normal representarlo en harapos, con una gran sonrisa, una botella de vino y un abanico de hojas de palma totalmente roto.

Muchas son las leyendas que se narran sobre él y sus andanzas.

Se dice que en una ocasión salvó a todo un pueblo de perecer bajo un derrumbe. Para ello secuestró a una novia a punto de casarse y obligó a que todo el mundo lo siguiera por la montaña. Cuando la roca iba a abalanzarse sobre ellos, Ji Gong la paró con su mano. Parece ser que, hoy en día, puede verse con la huella de la mano impresa.

En otra ocasión, se cuenta que Ji Gong ayudó con sus poderes a conseguir la madera necesaria para la construcción de un templo en la provincia de Hangzhou. Él atraía los maderos desde la provincia de Sichuan a través de un pozo. Cuando ya no necesitaron más, el encargado le grito que parara y uno de los maderos quedó varado en el pozo. Allí se levantó un pabellón denominado “Pozo de la Divina Teleportación”.

Una historia muy bonita sobre él es la que cuenta que en una ocasión acudió a una calle en la que la pobreza, la miseria y el hambre inundaban la vida de sus moradores. En ella vivía una pareja de ancianos que se dedicaban a la reparación, la fabricación y la venta de abanicos pero cuyo trabajo era escaso y no les llegaba para comer.

Ji Gong entró en la tienda y dejó su estropeado abanico en el mostrador para que se lo repararan. Antes de que le dijeran que no era posible se fue. A su vuelta, los ancianos le habían sustituido el viejo por un nuevo abanico.

Tan agradecido quedó Ji Gong, que pagó el nuevo abanico y a su salida de la tienda dejó un pergamino en la puerta que rezaba: “Excelente arte que viene de un trabajo duro y buen corazón” y “hermoso abanico que encuentra riqueza y fortuna en el arte”.

A partir de ese momento, la gente comenzó a visitar la tienda y el negocio prosperó. Desde ese momento, la calle pasó a llamarse “Calle del abanico”.

Zhang Sanfeng

Zhang Sanfeng nació sobre el año 1270 y se convirtió en un famoso filósofo taoísta que fue un gran experto en acupuntura y artes marciales. Solía errar por las montañas de China practicando las artes marciales e intentando adquirir todos los conocimientos que pudiera sobre el cuerpo y la energía.

Fundador del Tai Chi, se cree que alcanzó la inmortalidad al obtener el Tao y que durante esa inmortalidad vivió como un  ermitaño solitario en las montañas.

De pequeño tuvo problemas oculares que llevaron a sus padres a consultarle a un sacerdote taoísta. Creyendo que eran malos espíritus, el sacerdote se lo llevó con él para curarle y convertirlo en su discípulo. Tras siete años de estudio, regresó a casa con sus padres, pasó el examen de servicio civil y trabajó para el gobierno durante la Dinastía Song. Años después de morir sus padres y tras pasar el duelo tradicional, renunció a su vida para intentar llegar a la iluminación.

Estuvo con varios maestros taoístas pero terminó en el monasterio del monte Wudang, intentando conocer la conexión que existía entre el cuerpo y la mente. Así, tras largos años de infructuosa búsqueda, entendió cuáles eran los movimientos que actuaban sobre los meridianos y sobre qué órganos repercutían.

La escuela de taoísmo y Tai Chi llamada Wudang se ha convertido en una de las más importantes junto con la Shaolín. En ella se promueve la filosofía de que la “quietud domina el movimiento” a través de la calma y la armonía con la naturaleza.

Gracias a su reputación y la fama de la que tanto huyó, el emperador Chengzu, gran admirador suyo, mandó construir varios templos en los que participaron más de 300.000 trabajadores y soldados. Fue canonizado años después y el monte Wudang se convirtió en Patrimonio Mundial por las Naciones Unidas.

Aunque sus enseñanzas no se plasmaron por escrito, han llegado hasta nuestros días gracias a sus discípulos, que han ido pasándoselas verbalmente durante siglos.

Ellas nos enseñan la gran importancia de distinguir entre el bien y el mal, que la compasión, honestidad, lealtad, piedad y tolerancia llevan al ser humano hacia la inmortalidad espiritual. Y, aunque hoy, su legado se ha modificado con el paso del tiempo, siguen estando las bases a través del Tai Chi,  que aunque ya no es un método de cultivación taoísta sí que sigue sirviendo para cuidar la salud y defenderse.

Aquí os dejamos un vídeo de cómo practicar este arte milenario.